| Ciudades
como Miami o Nueva York son puntos de entrada tradicionales
cuando se viaja a Estados Unidos, pero también
son habituales puntos de conexión, para enlazar
con muchos destinos de Caribe o Sudamérica. Esta
característica hace que este país pueda
ser el objetivo de nuestro viaje, o el complemento perfecto
junto a otro destino de la región.
Si decidimos entrar por el sur, Miami nos ofrece una
mezcla de colores y nacionalidades, casi todas ellas con
un toque latino, que se hace patente al escuchar por todas
partes hablar en español. En visitante de Miami
suele buscar playas, compras y ambiente nocturno, y lo
cierto es que es lo mas abundante, dejando un poco eclipsados
a museos y galerías. Pese a que el centro de la
ciudad rebosa actividad, lo mejor es desplazarse a Miami
Beach, bien sea para disfrutar de sus playas como para
perderse por el barrio sur, el conocido Barrio del Art
Deco, salpicado de pequeños hoteles color pastel,
patinadoras y centenares de restaurantes, bares y tiendas,
que permanecen abiertas hasta muy tarde.
Pero
a escasos kilómetros de la urbe, el panorama cambia
por completo. Si nos dirigimos al suroeste, hasta Homestead,
pronto llegaremos al Parque Nacional de los Everglades,
la única reserva subtropical del país, y
una joya para los amantes de las aves. Puntos como Anhinga
Trail o Eco Pond nos permitirán contemplar desde
caimanes a garzas, ibis, espátulas, pelícanos,
cormoranes, halcones y otras rapaces como el peculiar
cathartes aura.
Y tras los Everglades, continuando hasta el extremo sur,
alcanzamos los Cayos de Florida. Otra zona en donde la
naturaleza tiene un papel destacado, pero no solo en tierra,
sino también bajo el mar, ya que esta zona se encuentra
también protegida. Aves y pequeños mamíferos
en tierra, y multitud de peces bajo el mar, aunque lo
más famosos de sus arrecifes son los barcos hundidos.
En
el extremo opuesto del estado de Florida, se encuentra
Orlando, ciudad famosa por el gran numero de parques temáticos,
tanto para niños como para adultos. Cerca de Orlando
se encuentra la Reserva de Vida Salvaje de Cristal River,
un refugio fundamentalmente de aves, pero que entre los meses de Septiembre
y Abril acoge a uno de los mamíferos marinos más
afables, los manaties, con los que es posible hacer snorkeling
durante horas. Estos sirénidos son muy tranquilos, y se
reúnen en grupos familiares, adultos y crías, para comer
o descansar en aguas poco profundas. Una gran
experiencia.
Desde
Florida hasta Main, en la frontera canadiense, o en Texas,
Luisiana, Kentucky o Arkansas podremos ir encontrando
diferentes Reservas y Parques Nacionales, aunque realmente,
lo más visitado de la región son las ciudades.
En Houston (Texas) podremos aproximarnos de cerca de lo
que ha sido la carrera espacial, visitando las instalaciones
de la NASA, en Nueva Orleáns, el ambiente del sur
nos envolverá con su música de jazz, la
comida cajun, las pequeñas tiendas de antigüedades
y las historias sobre budú y vampiros, mientras
paseamos por el Barrio Francés, en donde curiosamente
todo recuerda a España.
Y
en el norte tres puntos centran la atención del
visitante: Boston, Niagra y Nueva York. La capital de
Massachussets, Boston, transmite un aire colonial, huella
de las aldeas coloniales fundadas en 1620 por los pasajeros
del Mayflower. Museos, librerías, paseos por el
río, en definitiva una estancia relaja. Otra opción
en el norte es visitar la frontera del estado de Nueva
York con Canadá, justo donde se juntan los lagos
Erie y Otario, y en donde se encuentran las Cataratas
del Niagra, una maravilla de la naturaleza y una excusa
perfecta para cruzar la frontera, ya que la mejor vista
se obtiene desde Canadá.
Dentro
del mismo estado, pero en el extremo opuesto, se encuentra
la ciudad de Nueva York, justo en la desembocadura del
río Hudson. La ciudad, con más de siete
millones de habitantes, de divide en 5 distritos, de los
cuales el más atractivo para el visitante suele
ser Manhattan, en donde se mezcla todo tipo de culturas,
razas, tendencias y modas. Para muchos es la ciudad de
las compras, con oportunidades únicas, mientras
que para otros es la ciudad de los museos. Lugares como
el Museo de Arte Moderno, el Metropolitan o el Jewish
son visita obligada, aunque uno de los más visitados
es el Museo de Historia Natural, en donde es posible contemplar
los esqueletos de grandes dinosaurios, una manada de elefantes
disecada, utensilios de las culturas primitivas o la reproducción
– a tamaño natural, de una ballena azul. Los rascacielos
son otro de los atractivos de la ciudad, destacando el
conocido Empire State (381 m.), seguido del Edificio Chrysler
(319 m.). el American International (290 m.) o la Torre
Trump (283 m.). En la noche, otra de las citas obligadas
son sus teatros, Times Square y Broadbay son una continua
luz de neón, en donde los locales se suceden con
las últimas novedades en el mundo del espectáculo.
Pero sin duda alguna lo mejor de Nueva York es pasear
por sus calles, recorres sus largas avenidas, trasladarse
a otros rincones del planeta en China Town o Little Italy,
perderse en las callejuelas del Soho, Greenwich o Chelsea,
descubriendo pequeñas tiendas de lo más
pintoresco, galerías de arte, pequeños cafés
y cuidados restaurantes o simplemente tumbarse en el césped
de Cental Parck, viendo “pasar la ciudad”.
Un conjunto de posibilidades que hacen de Estados Unidos
una interesante opción de viaje.
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