La
clara influencia europea contrasta con los pobladores de
Polinesia Francesa, que mantienen infinidad de tradiciones
y de costumbres cotidianas, desde la vestimenta o sus
danzas, a los tatuajes tradicionales. El visitante rápidamente
se adapta al ritmo tahitiano, y se deja envolver por el
ambiente tropical de los Mares del Sur. El exotismo de las
islas es incomparable, y los paisajes que podemos
encontrar no tienen comparación posible con ningún otro
destino, son islas que parecen haber sido creadas para el
disfrute de la vista.
La
capital, Papete, se
encuentra en la isla de Tahití, la mayor de Polinesia
Francesa, y que forma parte de las Islas de la Sociedad.
La isla está formada por dos macizos volcánicos unidos
por un estrecho istmo, Tahiti Nui y Tahiti Iti, alcanzando
los 2.000 m. de altitud. Recorres tranquilamente su costa,
pudiendo visitar antiguos asentamientos y lugares de culto,
es muy interesante, pero su interior no tiene desperdicio,
con cascadas y montañas cubiertas de vegetación.
También se suele ofrecer la opción de sobrevolar la isla
en helicóptero, para poder disfrutar de estos paisajes
desde otra prespectiva.

A tan solo 17 kilómetros en dirección oeste encontramos
la escarpada y verde isla de Moorea, que surge desde
las profundidades avisales. Sus playas de arena blanca,
sus arrecifes de coral, y sus vellos paisajes hacen de
este un destino de los más solicitados, tanto por
turistas que buscan relax, como por aquellos que quieren
explorar su interior: la Bahía de Cook, infinidad de
cascadas, el Monte Tohiea o sus fondos marinos son algunos
de sus atractivos que ofrece este destino al visitante.
La
laguna de Huahine encierra dos
islas exóticas, repletas
de cocoteros y
vainillas, que se recortan sobre el
agua azul turquesa. Es un lugar tranquilo,
con posibilidades para explorar su interior, aunque la
mayoría de sus visitantes se centran en sus playas, el
surfing o el buceo. Un destino en donde el viajero se
siente bien recibido.
Raiatea es otra de
las Islas de La Sociedad, la antigua Havai, centro del
mundo maohí en siglos pasados, como lo atestiguan las
impresionantes plataformas y monolitos de sus “marae”
o centros de culto de la antigüedad. Después de Tahití,
Raiatea es la isla más grande, y al norte de esta se
localiza la pequeña Taha´a , en donde las vainillas dan
aroma al ambiente, esta es para muchos una isla lugares mágicos,
en donde se mantienen más vivas las tradiciones. En las
dos islas encontraremos playa, relax, deportes náuticos e
interesantes excursiones.
La mundialmente conocida isla de Bora
Bora es para muchos la isla más bella del planeta. Desde
lo alto del Otemanu, el principal pico
de la isla con 727 metros de altura, y monte sagrado para
los grandes guerreros, podremos disfrutar de una vista
increíble, y mejor aún si realizamos un vuelo en helicóptero
sobre toda la isla y su impresioante laguna que la rodea.
Como dicen sus habitante, Bora Bora es la isla de las
fiestas, la música, la danza y el regocijo, y más aún
si nos alojamos en alguno de sus resorts exclusivos. Bora
Bora es también uno de los principales destinos de buceo
en las Islas de la Socoedad.
Al
noreste de Tahití encontramos el archipiélago de las
Tuamotu, un paisaje dominado por tres colores: el verde de
la vegetación, el blanco de sus playas y el turquesa del
mar. A diferencia de las otras islas, las Tuamotu están
formadas por 78 atolones planos de poca altura, algunos de
ellos como Rangiroa o Fakarava
de dimensiones grandiosas. En estas islas no
encontraremos grandes cumbres ni paisaje escarpado, tan
solo una línea de palmeras que apenas resalta en el
horizonte. El buceo en
Las Tuamotu es una de las actividades predilectas,
aunque también es un lugar para
perderse, lejos de gente y aglomeraciones.
En el extremo
norte, a 1.500
Km. de la capital, se
localizan las Marquesa, “Enua Enata” o "Tierra de
los Hombres", como llaman a estas islas los nativos.
Fueron dadas a conocer para occidente por ser el retiro de
pintor francés Paul Gauguin. Desde el mar ofrecen un
impresionante aspecto, con sus escarpadas cumbres verdes
repletas de impenetrable vegetación. No son unas
islas muy visitadas por el turismo, y por lo tanto
hay pocas infraestructuras hoteleras, pero por otro lado
encontraremos una cultura peculiar y unos paisajes de gran
belleza.
En
la región más al suroeste de Polinesia Francesa
encontramos las Australes del Sur, islas pequeñas y muy
diferentes al resto de lo que hemos podido ver en Sociedad
o Tuamotus. Su paisaje es menos tropical, como
consecuencia de su localización, con aguas y clima más
frío. La isla más visitada – en cualquier caso por muy
poca gente -, es Rurutu, en la que podremos alojarnos en
alguna pequeña pensión, junto a alguno de los múltiples
campos de patatas. Pese a que pueda parecer poco
interesante, el mar nos depara un gran atractivo, ya que
entre los meses de Julio y Octubre podemos bañarnos y
hacer snorkeling con
las ballenas jorobadas, que migran a
estas costas desde la Antártida durante esos meses.
Polinesia Francesa
nos depara un buen número de experiencias, desde lugares
muy turísticos a rincones perdidos en donde aún nos
recibirán con una mirada curiosa por ser un infrecuente
visitante.
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