| Una
de las primeras cosas que sorprende al visitante es la
grandiosidad y variedad de los paisajes sudafricanos,
fruto de la diversidad de ecosistemas que podemos encontrar.
Desde los desiertos de arenas rojas del Kalahari, en el
noroeste del país, a las sabanas del Parque Kruger, las cordilleras
repletas de bosques de las regiones centrales o las zonas
de viñedos del sur, que tanto nos recuerdan al
familiar paisaje europeo. Y al igual que encontramos diversidad
en la tierra, también encontraremos diversidad
en sus pobladores; en las grandes ciudades, como Ciudad
del Cabo, las razas autóctonas se mezclan con indios,
malayos, chinos y europeos, mientras que en el interior
se respira un ambiente más puramente africano.
La
forma más habitual de recorrer las diferentes zonas
de interés es conduciendo uno mismo el vehículo, algo que
le imprime una característica especial al viaje
por Sudáfrica, siendo más flexible y viviendo
de forma diferente cada momento. Para algunas personas
esto les causa cierta inquietud, pero no debe ser algo
preocupante, ya que hay poco tráfico y la documentación
que se entrega al cliente es muy extensa, con todo tipo de
directrices, mapas con las rutas marcadas y señas
claramente identificables que hacen imposible que uno se
pueda perder.
Independientemente
de otros atractivos del país, uno de los factores
que hacen elegir este destino es el deseo de contemplar
los grandes mamíferos africanos, adentrarse en
los diferentes Parques Nacionales y poder estar cara a
cara con estas increíbles criaturas, junto a muchos
otros animales. De entre toda la largas lista de lugares
protegidos, el Parque Nacional Kruger , en el Transvaal
del Este, es el más conocido y uno de los más
visitados. A lo largo de este gran territorio podremos
contemplar la inmensa mayoría de las especies que
uno se ha imaginado: leones, cebras, jirafas, rinocerontes,
búfalos, antílopes, gacelas, hienas, elefantes,
etc. Lo normal, dentro del Parque Kruger, es realizar
el recorrido con nuestro vehículo, algo que nos
da gran libertad pero que requiere de cierta experiencia
para poder localizar determinadas especies. Rodeando el
Kruger existen numerosas reservas privadas, de una gran
extensión, y en las que igualmente abundan todas
las especies africana. Visitar estas reservas es una alternativa
menos conocida pero posiblemente más apasionante,
ya que los recorridos se realizan en 4x4 descubiertos
o andando, y guiados por expertos rastreadores armados,
trabajando en pequeños grupos, tanto por el día
como en la noche. De esta manera las posibilidades de
avistamientos son mucho mayores, y la proximidad a los
animales llega a ser algo sorprendente.
Otro
de las zonas de mayor interés para contemplar grandes
mamíferos es la región de Natal, al este
del país. Esta zona es famosa por sus largas playas
y por los miles de tiburones que habitan en sus aguas.
Adentrándonos en las montañas del noroeste
alcanzamos las reservas de Unfolozi y Hluhluwe, un paisaje
de suaves colinas verdes, grandes ríos y estrechos
valles, con fama mundial por acoger a la mayor población
del planeta de rinoceronte blanco. Muchos otros animales.
Como elefantes, jirafas, búfalos, macacos, etc,
se ven por todas partes. En esta reserva los visitantes
conducen su propio vehículo, menos en las salidas
nocturnas, que se realizan con guías y camiones
del propio parque.
Quizá
la región más emblemática sea el
Desierto de Kalahari, en donde se encuentra la reserva
de Gemsbok – Kalahari. El acceso es complicado, por carecer
de carreteras asfaltadas, pero esto hace que sean pocos
los visitante que se animen a llegar hasta esta zona, y que se mantenga muy virgen. Este
agreste territorio
de dunas rojas es habitado por los San o también
llamados Bosquimanos, y al mismo tiempo es hábitat
del león de melena negra, avestruces, guepardos
o los peculiares y simpáticos suricatos. Un
ecosistema único y una visita obligada cuando se realiza
un viaje de largo recorrido por Sudáfrica.
Y para completar el periplo, la inevitable visita a
la Provincia del Cabo, comenzando por Ciudad del Cabo,
en donde no solo debemos pasear por sus calles y mercados,
sino también visitar sus alrededores, como la Table
Mountain, desde donde tendremos espectaculares vistas,
o la Reserva Nacional del Cabo de Buena Esperanza, en
donde se mezclan pingüinos,
avestruces y antílopes. Si nos dirigimos al noroeste
de la provincia, lugares desérticos, pero de gran
belleza, como Richtersveld contrastan con el verdor de
las zonas costeras o las grandes concentraciones de alcatraces
y cormoranes de la Bahía de Lembert. Si por lo
contrario optamos por el este, encontraremos verdes territorios
frente al mar, pasando frente a un emblemático
punto, las Islas Dyer, en donde se pueden contemplar decenas
de grandes tiburones blancos y cerca de estas, en los
meses de Julio a Octubre, numerosas ballenas francas,
para terminar en alguna de las reservas de la región,
como Addo, un punto dominado por los grandes elefantes
africanos.
En resumen, un amplísimo catálogo de posibilidades,
para poder diseñar un viaje perfecto construido
literalmente a la medida. |