| El
punto habitual de entrada es Lima, capital del país,
y en sus plazas y calles empezamos a respirar la atmósfera
típica de Perú, en donde un pequeño
toque de modernidad se mezcla con un pueblo pintoresco,
con una cultura mezcla de sus orígenes precolombinos
y tradiciones españolas. Lima, fundada por Francisco
de Pizarro en 1535, guarda interesantes recuerdos de la
época colonial, como su catedral, en la actual
plaza de armas, junto al Palacio del Arzobispo y el Palacio
del Gobierno. Otras iglesias y conventos son dignos de
visitar, especialmente el de San Francisco, famoso por
sus catacumbas y con una excelente biblioteca, y la de
San Pedro. Pero si queremos conocer más sobre las
culturas precolombinas, es obligado visitar algunos de
los múltiples museos y colecciones privadas, como
el Museo de la Nación, Museo del Oro, la Colección
Larco Herrera o la colección Poli.
En
cuanto se abandona la capital, el ambiente es más
relajado y menos bullicioso. Sin duda alguna, la zona
predilecta para los visitantes en la región de
Cuzco, al sur de Perú. La capital del mismo nombre
se encuentra a 3.326 m. de altitud, lo que le confiere
características muy especiales. Sus calles respiran
historia, desde su fundación en el siglo XII por
el emperador inca Manco Cápac, que la bautizo como
“ombligo del mundo”, hasta la época de la colonización
y su posterior independencia en el siglo XIX. Cuzco es
el punto de entrada para visitar el Valle Sagrado y Mach
PIC, pero la propia ciudad ofrece infinidad de lugares
de interés. El más destacado es la Iglesia
de Santo Domingo, en donde el templo cristiano se entremezcla
con el Coricancha, el mayor templo Inca de la ciudad,
cuyos muros estuvieron recubiertos por 700 planchas de
oro macizo. En la Plaza de Armas se encuentra la catedral,
cuya construcción se comenzó en 1559, y
las iglesia de Jesús María, Triunfo y La
Compañía. Museos, callejuelas con muros
incas y restaurantes típicos completan la visita
de la ciudad.
Fuera
de Cuzco, antes de adentranos en el Valle Sagrado, encontraremos
las ruinas de Tambo Machay, Puca Pucara, Qenko y la más
importante: Sacsayhuamán. Ya en el valle, es obligada
la visita del pequeño pueblo de Pisac, preferentemente
en Domingo, ya que es cuando más actividad hay
en su mercado, una auténtica maravilla de color,
en donde se dan cita centenares de lugareños. Junto
al pueblo colonial, también es posible visitar
unas ruinas incas. Siguiendo el curso del Urubamba se
cruzan diferentes pueblos y si nos salimos del valle podemos
encontrar peculiares lugares, como las Salinas de Maras.
La siguiente escala es Ollantaytambo, en donde podremos
visitar los restos de la fortaleza que acogió a
Manco Inca. El pueblo, con numerosos restos incas, dispone
de un museo y restaurantes típicos. Desde esta
localidad se puede tomar el tren con destino al lugar
más legendario de Perú, la “Ciudad Perdida
de los Incas”: Machu Picchu.
Para
llegar a Machu Picchu podemos optar por realizar un trekking
de varios días por el conocido Camino del Inca
o llegar en tren. La ciudad, descubierta por Hiram Bingham
en 1911, es un autentico espectáculo para los sentidos.
Su localización ya es algo increíble, pero
el gran número de edificaciones nos permite reconstruir
la forma de vida de los incas. El Templo del Sol, la Ventana
de las Serpientes, la Tumba Real o el Templo de las Tres
Ventanas son algunos de los puntos de interés dentro
del recinto. Aunque la mayoría de visitantes realizan
una excursión de un solo día, vale la pena
pasar una noche en Aguas Calientes, el pueblo situado
junto a las ruinas, para disfrutar de Machu Picchu cuando
casi todos se han marchado o a primera hora de la mañana.
Un autentico placer para los sentidos.
Aunque
hablar de Perú es sinónimo de Incas, muchas
otras culturas habitaron estos valles y montañas.
En la costa norte podemos visitar Trujillo, en donde antes
se levantaba Chan Chan, la capital de la cultura Chimú.
En esa misma zona también encontraremos restos
de la civilización Mochica y más al norte,
cerca de Chiclayo, el yacimiento de Sipán o Dacha
Rayada. También en la región norte podemos
adentrarnos en el corazón de la serla amazónica.
Partiendo de Iquitos, a orillas del río Amazonas,
es posible alcanzar el P.N. Pacaya Samiria, el mayor de
Perú, y sus alrededores, para contemplar la vida
salvaje.
Si por lo contrario nos dirigimos al sur, lo primero
que encontraremos en la costa es la Reserva Nacional de
Paracas, refugio de leones marinos y miles de aves acuáticas.
La siguiente escala en esta ruta es en Nazca, cuna de
la cultura del mismo nombre, y cuyo principal exponente
son las conocidas Líneas de Nazca, gigantescos
dibujos que solamente son visibles desde el aire.
En
el extremo sur se localiza la región de Arequipa,
en cuya capital podremos pasear y descubrir curiosos rincones
que parecen congelados en el tiempo, desde que en 1540
fue fundada por los conquistadores españoles. Al
noroeste de la ciudad se encuentra el Cañón
del Colca, desde cuyo borde podremos contemplar el vuelo
del cóndor. Este cañón es el más
profundo del planeta, con desniveles de 3.400 m. Partiendo
también de Arequipa, al igual que desde Cuzco,
podemos acceder hasta Puno, junto al Lago Titicaca, a
3.800 m. sobre el nivel del mar. En sus orillas habitan
numerosos indígenas del antiplano, pero las poblaciones
más curiosas son donde se localizan los Uros, las
Islas Flotantes, construidas de juncos, similares a las
embarcaciones del mismo material que utilizan para surcar
las aguas del lago.
Sin duda alguna otro de los grandes atractivos de Perú
son sus selvas, y aunque el Amazonas tiene fama mundial,
los mejores enclaves se localizan en el sur, partiendo
de Puerto Maldonado: el P.N. de Manu y la Reserva de Tambopata
Candamo. El acceso a estas zonas requiere normalmente
un par de días, y otro tanto de regreso, lo que
propicia que quede fuera de todos los circuitos turísticos.
Este hace que la poca afluencia de personas mantenga la
zona es un auténtico estado virgen. Las comodidades,
como luz eléctrica o aire acondicionado son nulas,
y los insectos son en ocasiones los dueños de la
región, pero si decidimos adentrarnos en esta selva
recibiremos la recompensa de contemplar muchas especies
animales: monos, perezosos, serpientes y otros reptiles,
pécaris, felinos y multitud de aves. En estas zonas,
las aves más famosas son los guacamayos, que estar
por todas partes, en sus diferentes variedades, y que
al amanecer acuden a comer arcilla de las colpas.
Y para finalizar nuestra visita, una escapada a la Cordillera
Blanca, al Parque Nacional Huascarán, por donde
los menos experimentados podrán realizar un apasionante
tekking y los más expertos lanzarse a la conquista
del Huscarán, con 6.768 m. de altitud. Una opción
más entre las infinitas posibilidades de viaje
que nos brinda Perú. |