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de confluencia de las diferentes culturas asiáticas, Malasia
en un colorido puzzle en el que Indios, Chinos, Malayos
y diferentes etnias aborígenes se mezclan, mostrándonos
lo más peculiar de cada una de ella.
Kuala Lumpur, la capital federal, es la puerta de entrada
para la mayoría de visitantes. Ciudad cosmopolita y dinámica
de grandes contrastes, en donde los edificios más modernos
se alternan con los templos más tradicionales. En KLCC
(Kuala Lumpur City Center) lo mirada perdida en el cielo,
distingue a lugareños de turistas, dado que estos últimos
contemplan maravillados la “cumbre” de las torres gemelas
Petronas, de 452 metros de altura, las más altas del mundo,
y una cita obligada para los fanáticos de las compras.
Otros edificios próximos, como la Torre de Comunicaciones
Menara, etc, le dan un perfil inconfundible a la ciudad.
Pero si nos desplazamos a la zona central, el estilo moderno
cede paso a los edificios coloniales y los pequeños templos.
Los edificios más destacados son el Palacio del Sultán
Abdul Samal y la Estación de Ferrocarril. En esa misma
zona se localiza en Barrio Chino, repleto restaurantes
y de tenderetes, y a escasos metros el Mercado Central,
un buen punto de encuentro de artesanos. A poca distancia,
y siguiendo la línea de contrastes, podremos visitar un
templo hinduista y otro budista, en donde se respira una
tranquilidad ajena al exterior. Y para despedirnos de
Kula Lumpur, una visita a las cuevas Batu, transformadas
en templo hinduista.
La otra ciudad más emblemática para el visitante es Malaca,
fundada en 1400 por un príncipe de Sumatra, convirtiéndose
con el paso de los años en uno de los puntos clave para
el comercio entre China, Arabia e India. Posteriormente
la colonización por parte de portugueses (1511), holandeses
(1641) y británicos (1824) genero una mezcla particular
que caracteriza a esta población.
Si lo que buscamos no son ciudades sino contacto con la
naturaleza, este es el destino perfecto. En la península
malaya, el Parque Nacional más destacado es Taman Negara,
un bosque tropical en donde aún habita el tigre. Pero
sin duda alguna, el territorio más salvaje se encuentra
en Borneo, en los estados de Sabah y Sarawak, en el noreste
de esa gran isla.
Al
sobrevolar la región sobresale entre las nubes el monte
Kinabalu, el mas alto del sudeste asiático, con 4.095
m. de altura, y en el que podremos realizar un trekking
para explorar sus laderas, repletas de flora autóctona,
como las raflesia, o ascender a su cumbre. Es en esta
misma región – Sabah – es donde tendremos oportunidad
de contemplar una de las especies más increíbles del reino
animal: los orangutanes. La reserva de Sepilok es el mejor
destino para ver estos primates, siendo también posible
localizarlos en Danum Valley, Tabin o en el Río Kinabatangan
(Sukau), aunque en este último son más abundantes los
monos proboscis y diferentes tipos de macacos, junto a
elefantes y una nutrida población de aves, y en Danum
una gran variedad de primates (macacos, gibones, orangutanes,
...) se mezclan con elefantes pigmeos, calaos, insectos
inimaginables, reptiles y los esquivos rinoceronte asiático
(Dicerorhinussumatrensis) y leopardo nuboso (Neofelis
nebulosa), entre otros.
Más al suroeste, en el estado de Sarawak, los Parques
Nacionales de Mulu, Similajau, Gunung, Tanjung Datu, Niah
o Bako nos brindan oportunidades igualmente interesantes,
tanto para la contemplación de fauna salvaje, como para
descubrir cuevas y paisajes únicos, como es el caso de
los Pináculos de Mulu. Otro
de los atractivos de esta región son sus etnias,
entre las que destacan los guerreros Ibans, junto a Bajaus,
Orangs Asli o Dayaks, así como los templos budistas y
los pequeños mercados. Si a todo lo anterior, le sumamos
la posibilidad de hacer rafting, bicicleta de montaña,
buceo, o simplemente el tumbarnos al sol en una playa
paradisíaca, bañada por cálidas aguas turquesa, la opción
de Malasia se hace más que tentadora.
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