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suele ocurrir en los países latinoamericanos, la
mezcla de culturas es algo evidente, y muchas tradiciones
ancestrales cohabitan con la cultura moderna, algo que
en Ecuador salta permanentemente a la vista, simplemente
visitando su capital Quito. Paseando por las estrechas
calles del casco antiguo, declarado “Patrimonio Cultural
de la Humanidad” por la UNESCO, se respira el ambiente
colonial de los siglos XVI y XVII. Uno de los enclaves
más bulliciosos es la Plaza de San Francisco, en
donde en la antigüedad se encontraba un mercado indígena.
La plaza está presidida por el convento de San
Francisco, que data de 1536, en cuyo interior podemos
contemplar un interesante retablo. A
poca distancia se encuentra otra iglesia, la de La Compañía
de Jesús, considerada la más ricamente decorada
de América, y tras esta la Catedral de Quito, junto
al Palacio Municipal y el Palacio del Gobernados, cuyo
conjunto forma la Plaza de la Independencia.
A pocas calles
la Plaza de Santo Domingo es otro de los centros neurálgicos,
en donde se localiza en antiguo convento del mismo nombre,
de estilo plateresco y mudejar. Toda la zona está
salpicada de edificios históricos, hasta llegar
al extremo norte, en donde se ubica la Basílica
del Voto Nacional, de estilo neogótico, que fue
terminada en 1985, y desde cuyas torres de 115 m. de altura
es posible contemplar toda la ciudad. Una o varias visitas
a los diferentes museos de la ciudad y disfrutar de la
gastronomía tradicional, pueden completar nuestra
estancia en la capital.
En
dirección norte, a poca distancia de Quito, podemos
visitar el mercado indígena de Otavalo, en la provincia
de Imbabura. Este mercado se celebra cada sábado,
con venta de comidas, animales, tejidos, cerámica
y centenares de puestos de artesanía y comida
típica de la región. Si no se
puede visitar un sábado, cualquier día de
la semana se mantienen gran número de estos puestos,
aunque se pierde cierto tipismo. En el sur encontraremos
otros mercados indígenas, entre los que destaca el de Saquisilí,
no tan variado, con menos opciones para los turistas,
pero muy auténtico.
Siguiendo esta ruta llegaremos a la ciudad de Cuenca,
una de las más importantes del país, de gran interés histórico, y cuyo centro
histórico también ha recibido el reconocimiento de la UNESCO,
con numerosas iglesias, conventos, edificios coloniales
y museos, que hacen muy interesante su visita. Pero
desde Quito hasta Cuenca, recorreremos una región
mágica, conocida como “ La Avenida de los Volcanes”,
y no hay que mirar nada más que al horizonte para
entenderlo, ya que todo lo que veremos son grandes
montañas, en realidad volcanes, con nieves perpetuas y
alturas increíbles.
Los primeros que encontraremos son los dos
Illizas (5.126 m. y 5.305 m.) y frente a estos el Cotopaxi
(5.897 m.) declarado Parque Nacional. Para cualquier neófito
en el andinismo, pero amante de la naturaleza, es muy
fácil acceder hasta el refugio José Rivas,
a 4.800 m., y si se desea es posible ascender hasta la
cumbre, con el equipo adecuado, la compañía
de un guía experimentado de Ultima Frontera y buen
ánimo para enfrentarse al esfuerzo. Las siguientes
cumbres que se encuentran son el Carihuairazo (5.020 m.),
el Igualata (4.432 m.) y el Tungurahua (5.029 m.), pero
las tres quedan eclipsadas por la cercanía del
Chimborazo (6.310 m.). Este antiguo y extinto volcán
es la montaña más alta del país,
por muchos años se pensó que era la más
alta en el mundo, y todavía retiene la distinción
de ser el punto más sobresaliente en la superficie,
medido desde el centro de la tierra, debido al abultamiento
ecuatorial. La primera etapa nos conduce hasta el refugio
(5.000 m) y el día siguiente se continúa
hasta alcanzare cumbre Veintimilla (6.270 m.) y posteriormente
la cumbre e Whimper (6.310 m.). Y poco antes de terminar
la ruta, al norte de Cuenca, nos encontramos con las ruinas
del castillo de Ingapirca. Este antiguo asentamiento inca
es sin duda alguna el conjunto arqueológico prehispánico
más importante de todo el Ecuador.
Pero
sin duda alguna, el destino más conocido de Ecuador
son las Islas Galápagos, famosas por las numerosas
especies animales y vegetales que las pueblan y que han
evolucionado de forma peculiar, como consecuencia del
aislamiento del archipiélago, que fue uno de los
fundamentos de estudio para numerosos científicos
principalmente durante el siglo XIX. Realizar un crucero,
haciendo visitas a las diferentes islas o buceando en
sus fondos marinos, es una de las opciones de viaje obligatorias,
cuando se recorre Ecuador, ya que Galápagos justifica
por si mismo el viaje a Ecuador.
Y
para finalizar, una escapada a las provincias orientales,
a la cuenca Amazónica, una región surcada
por miles de ríos, que desembocan en el Amazonas.
Los viajeros que deseen explorar este reino verde encontrarán
caimanes, pirañas, delfines de agua dulce, vegetación
prehistórica, pájaros y mariposas.. La Amazonía
ecuatoriana es hogar de diferentes tribus: los Yumbos,
Secoyas y Cofanes cuyas viviendas se encuentran en la
profundidad del bosque cerca de los riachuelos. De todas
las zonas y reservas de estas regiones, la más
accesible, pese a su complejidad, es la Reserva Faunística
del Cuyabeno.
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