|
Djibouti
o Yibuti, un pequeño país muy desconocido, aunque su territorio ha sido
visitado desde la antigüedad por diferentes culturas, desde los egipcios y
fenicios a los romanos. Mucho después, y como consecuencia de la apertura del
Canal de Suez, el gobierno francés consigue
la donación, por parte del sultán de Gobaad de los territorios que
conforman el actual Djibouti, pasando a ser el protectorado francés de Somalia
Francesa. Ya en nuestros días, el 27 de Junio de 1977 consigue la independencia.
El último territorio africano descolonizado.
Es un país muy pobre, y su población, con numerosos nómadas, se dedica
fundamentalmente a la pequeña ganadería, ya que su clima desértico hace
imposible la agricultura. Esta peculiar forma de vida, en un entorno natural
realmente duro, es en si mismo un atractivo para el visitante que busca conocer
otras culturas, aunque los principales atractivos del país se centran en sus
peculiares paisajes y en su mar.
Una de las visitas más recomendables es el lago Assal, a pocas horas de la
capital. Hasta alcanzar las costas del lago, situado a 155 metros bajo el nivel
del mar, se realiza un recorrido con paisajes montañosos interesantes, repletos
de rocas basálticas que salpican las llanuras desérticas - muestra de la
reciente actividad volcánica -, cañones y mmanantiales
de aguas termales. Ya en el lago, podremos disfrutar de un vello paisaje,
contraste de aguas turquesas y la blanca sal que cubre las grandes extensiones
que rodean el lago. En sus cercanías, casi con toda seguridad, podremos
contemplar pequeñas caravanas de camellos cargados con sacos de sal.
Otro de los lagos salados de Djibouti es el Abbe, cuyas aguas comparte con la
vecina Etiopía. Es un viaje más largo y por peores carreteras que al lago
Assal, pero como recompensa veremos infinidad de cráteres volcánicos por el
camino y en el lago un increíble paisaje y los numerosos flamencos que se
alimentan en sus aguas.
La
ciudad de Ali Sabieh, en el sur, es otro de los puntos a incluir en el
itinerario, más que por la propia ciudad, por el recorrido, ya que se atraviesa
la llanura de Bara Bara, una árida extensión cuarteada por el sol, y con
algunas acacias espinosas, que proporcionan sombra y alimento a la gacelas y
camellos que podremos divisar.
Por
supuesto la visita a la ciudad de Djibouti es obligada, aunque solo sea por la
logística del viaje. Dispone de algunos buenos hoteles y acoge al 70% de la
población. Podemos pasear por sus calles y plazas, visitar alguno de sus
mercados, comprar algo de artesanía en piel y conocer su gastronomía. La
capital es también el punto de embarque, si queremos realizar un crucero de
buceo por el golfo de Tadjoura o las islas de Siete Hermanos, o bien una
estancia de buceo y playa en la cercana isla de Moucha.
|