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Bartolomé
Es una de las islas más fotografiadas de Galápagos,
con dos grandes pináculos volcánicos.
Este lugar es muy recomendable, pero más que para
la inmersión para el snorkeling,
ya que el principal interés de la visita es la
colonia de pingüinos galapagueños. Estas rápidas
aves acuáticas pasan ante los buceadores como auténticos
torpedos, dejando tras de si un estela de burbujas. La
“persecución” puede requerir tiempo, razón por la que el no cargar con botellas
facilita la tarea. En la misma área son también muy
abundantes las tortugas verdes.
Couysin
Pared de 15 metros de profundidad, repleta surcos paralelos
a la superficie. En estos surcos es muy abundante el coral
negro, que en estas latitudes adquiere una coloración
amarillo intenso y las gorgonias naranjas. Entre sus ramas
es normal encontrar peces halcón, peces coral,
caballitos de mar y algunos peces globo. El extremo de
la pared forma un pequeño cabo, en donde vale la
pena detenerse unos minutos, ya que suelen merodear por
el lugar abundantes águilas marinas. Pasado el
cabo, y tras girar a la derecha se alcanza una plataforma
rocosa, muy protegida, en donde abundan los cardúmenes
de salemas, roncadores y barracudas, que llegan a formar
auténticos muros. En esta zona son igualmente frecuentes
los leones marinos, que bajas a comer pequeños
crustáceos y a curiosear.
Darwin
Pese al gran tamaño de la isla, todo en buceo se
concentra en un pequeño lugar – El Arco -, que
con razón, está considerado el mejor punto
de inmersión para el encuentro con grandes animales,
y no solo de Galápagos sino del mundo. La zona
está marcada con una boya roja, pero es fácilmente
identificable por el gran arco de piedra que sale a la
superficie y da nombre al lugar: el Arco de Darwin. La
inmersión es realmente simple, ya que tras descender
a una plataforma de 6 metro, se alcanza un segundo nivel,
próximo a los 10 metros, en donde lo único
que hay que hacer es quedarse tumbado o de rodillas a
disfrutar de los animales. Pese a ser un lugar muy abierto,
no siempre se encuentra corriente importante, lo que hace
más cómoda la inmersión. Los tiburones
martillo circulan en grupos de un lado a otro, cruzándose
con los compactos cardúmenes de barracudas o carángidos,
los leones marinos y delfines – a cuales más curiosos
– se aproximan a los buceadores mientras las águilas
marinas y en ocasiones también las mantas “sobrevuelan”
el fondo rocoso. Los tiburones puntas blancas y galapagueños
aumentan el atractivo del lugar, al igual que la fauna
semitropical de pequeña y mediana talla, que se
ve en ocasiones eclipsada ante la visita del tiburón
ballena.
León Dormido
Desde superficie, una inmensa aguja rocosas deja un estrecho
pasadizo entre la isla principal y le da un perfil inconfundible.
Bajo el agua recorreremos este desfiladero submarino repleto
de estrellas y erizos, por donde circulan numerosos cirujanos,
cagaleches y viejas. En ocasiones también podremos
ser testigos de grandes concentraciones de salemas, que
forman cardúmenes tan cerrados que impiden por
completo la entrada de luz. En los extremos del estrecho
pasadizo podremos contemplar tortugas, barracudas, águilas
marinas y si la corriente acompaña algunos tiburones
galapagueños.
Rocas
Gordon
Situado dentro de un antiguo cráter volcánico.
El mejor buceo suele ir acompañado de fuerte corriente,
que atrae a numerosos tiburones martillo, águilas
marinas, rayas grises, rayas doradas, mantas, tiburones
puntas blancas, palometas, etc. El fondo del cráter,
está compuesto
de un lecho arenoso, aunque los mejores puntos son las laderas rocosas, en donde
hay que localizar un buen lugar en donde afianzarse y
dejar que los animales circulen ante nosotros. A diferencia
de otros destinos, en Galápagos los guantes están
altamente recomendados para aferrarse a las rocas, si
hay corriente.
Seymour Norte
Esta pequeña isla, próxima a Baltra, ofrece
un buceo fácil pero emocionante. Las rocas forman
una pendiente escalonada que desciende hasta un fondo
arenoso en 34 metros. Entre las rocas abundan los erizos
de púas gruesas, morenas, caracolas y algunos nudibranquios
tigre. Los encuentros con tiburones puntas blancas, águilas
marinas y tortugas son frecuentes. Cardúmenes de
roncadores y pargos son igualmente visitantes habituales
y en el azul ocasionalmente tiburones martillo. Y para
finalizar la inmersión unos minutos jugueteando
con jóvenes leones marinos cerca de la superficie.
Wolf
– Bahía Tiburón
Uno de los mejores puntos de Galápagos. Tras más
de quince horas de navegación desde la Isla Santiago,
se alcanzan los acantilados de Wolf. Su cara este y sur,
también conocida como bahía tiburón,
ofrecen un buceo apasionante, con un fondo de grandes
bloque rocosos, que conforman una ladera que desciende
desde los 10 a los 40 metros, en donde adquiere mayor
verticalidad. La cota más interesante para la inmersión
se encuentra entre los 15 y los 20 metros, los peces tropicales,
tales como loros, mariposa, ídolos moros, ángel,
trompeta o ballesta son más abundantes que en las
islas del sur, dada la mayor temperatura del agua, y se
mezclan con un buen número de pelágicos
entre los que destaca sin duda el tiburón martillo.
No es raro disfrutar de un cardumen de más de 200
ejemplares, que nadan tranquilos a escasos metros de los
atónitos visitantes. En el año 1997 se realizo
un censo que estableció una población superior
a los 10.000 ejemplares, solo en esta isla.
Wolf – Fondeadero
Hasta hace escasos años, este punto era tan solo
“el fondeadero”, pero recientemente un divemaster descubrió
que el fondo de cascajo, a 24 metros de profundidad, era
el lugar predilecto para una curiosa especie: el pez murciélago
de labios rojos (Ogcocephalus Darwin). Este pez triangular,
que anda literalmente por el fondo, con las agallas situadas
en mitad de su cuerpo, con un apéndice frontal
y cuya anatomía no se parece a la de ningún
otro pez, es francamente difícil de encontrar en
cualquier mar, pero en Fondeadero Wolf, no es solo fácil
de encontrar, sino también abundante.
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